Inclinado ante tu altar
lucho contra sombras malditas
que tientan tu imaginación.
Grito tu nombre
concedo
un deseo
hasta romper la dulce fragilidad
que libera la fiera,
y libo de tu miel
en el panal de tu entrepierna;
es el elixir que hace temblar mi sangre
es el misterio de tu seda,
es tu mirada
de ojos cerrados
la que me guía al encuentro
de aquel orgasmo
que aun te debo.
