Vertiginoso hacinamiento
corre raudo al confín del
vacío
la pestilencia del
atardecer
exuda desgano
las miradas se entrecruzan
apuntando al metálico desierto
miles de notas sordas
cantan a lo impersonal
y el opaco reflejo
palidece al calor de
extrañas manos,
de cuerpos chocantes
en el umbral del desprecio
Es el ineludible viaje,
el ocaso de otra jornada.