Pequeño ente portentoso, que nublas la mirada de quien te sigue en tu hipnótico pensar,
¿a qué hueles?
Como abejas tras la miel pegados a ti, la desafiante plebe se inclina ante tu voz,
¿de qué hablas?
En celo profundo te protegen hasta morir, día y noche; madrugada también, yo solo me pregunto,
¿puedes amar?
Y tu esperas a la chusma que oírte quiere, la llenas de esperanza, y yo no logro contigo empatizar,
¿te apetece fumar?
Misterioso, aparentemente incólume, con aires de deidad, no soportas la apatía de quien no te quiera escuchar,
¿esta vez responderás?
Y al final solo quedan interrogantes sin contestar, pequeño ente endemoniado,
hay alguien a quien cuentas rendirás.
